Los árbitros
General Tagged El entorno Junio 26th, 2009Tras más de una década vinculada con el mundo del básquet en equipos no profesionales he podido detectar diferentes personalidades de los colegiados. Allá van las más destacadas:
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El parlanchín. Es el árbitro pesado. En los tiempos muertos y cambios de cuarto tortura a las personas de la mesa de anotación que suspiran aliviadas cuando suena el claxon de la reanudación. Durante el partido habla con los jugadores y entrenadores aun si estos no le reclaman la atención. Es mejor no reprocharles ninguna acción sino interesa que el partido llegue a las tres horas.
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El sobrado. Este va de profesional y se cree que es el centro del universo. Quiere cumplir a rajatabla toda la normativa. Tanto si está arbitrando un partido entre séniors como minis su criterio permanece inalterable. Nunca dirige la mirada a entrenadores ni jugadores, si mira algo son sus manos señalando las faltas. Se gusta.
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El comentarista. Es el árbitro con complejo de periodista. Se permite opinar sobre las acciones que son de su agrado durante el partido. Dice cosas como “falta bien forzada”, “qué buena mano tienes”, “vaya jugadón que te has marcado”. Incluso es capaz de opinar sobre la estrategia del entrenador: “ya era hora del cambio”. Tiene la profesión equivocada.
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El discapacitado. Su principal discapacidad es la sordera. Te puedes dirigir a él como árbitro, colegiado, señor árbitro, perdone… Cualquier forma utilizada será en vano. Está sordo o se lo hace. Si alguno enloquece por su actitud le pitará una técnica sin mediar palabra ni dar explicación alguna. Su sordera permanece una vez acaba el partido. Es insoportable.
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El guiri. No tiene ni idea de castellano. Le puedes protestar porque no te entiende. Pita cosas raras y suele parecer desubicado. No se entera de la mitad de las cosas que suceden en el partido. Paciencia. Es desesperante.
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El novato. Es extremadamente puntual, lleva siempre consigo el manual y es muy meticuloso con todo lo relativo a los papeles. Suele disculparse con los entrenadores antes o después del partido por los posibles fallos que va a cometer o ha cometido. Aunque la verdad es que suelen hacer muy buen papel.
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El obsesivo. Tiene fijación con alguna faceta del juego. Está obsesionado con los tres segundos, con la línea de tiros libres o con los pasos de salida. Más de la mitad de las veces que hace sonar el silbato es para sancionar su vicio.


Octubre 5th, 2009 at 9:23
lo que yo queria, gracias