Milwaukee vs Knicks RS 70-71

Una de los aspectos del juego que más me gusta del basket antiguo es la constante circulación del balón. Acostumbrados como estamos a un baloncesto que dificulta notablemente esta característica del juego, resulta gratificante ponerse a ver uno un partido y comprobar como los ataques se vuelven mucho más plásticos, más vivos y en los que hay que prestar una atención extrema pues las cosas suceden a una velocidad fuera de lo habitual.

Pero, fuera ya de esa deliciosa fluidez, el partido me dejó otras sensaciones:

-         Lo bueno que era Willis Reed. Le habré visto muy pocas veces pero lo cierto es que en cada partido que he podido visualizar de él, me deja un gran sabor de boca. Me encanta esa sensación que da de competidor nato. En este partido se viene arriba en el momento cumbre del partido ante un rival (Alcindor) que le había superado hasta ese instante, le lleva a su terreno, le desquicia, sabe dónde hacerle daño ofensivamente. En fin, una delicia de jugador.

-         La sensación de avasallamiento que dieron los Knicks cuando pusieron toda la maquinaria a funcionar. Cuando, en la segunda parte, Frazier se pone las pilas, Stallworth anota con fluidez y Willis Reed toma el mando del partido, dan una sensación de máquina apisonadora. Hasta Phil Jackson tuvo su momento estelar (eso sí, le sirvió de bien poco ya que fue al banquillo de inmediato, Reed era mucho Reed).

-         Sabor agridulce me dejaron los Bucks. Lew Alcindor dominante pero dominado en el momento decisivo, Oscar Robertson irregular y apático a partes iguales, McGlocklin en uno de esos casos en el que el intermedio del partido arruina la actuación de un jugador y el menos visible, pero más regular, Bob Dandridge.

La pena es tener que ver a esta gente con cuentagotas. Es una de esas veces en las que desearías que este invento de Internet hubiera llegado unos cuántos años antes.

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