Il diario di la Mamma
(Desde la grada en Turín)
Clara Grau / Mario Gómez
Al principio de la temporada todo empezó como una broma, si el DKV Joventut se clasificaba para la Final a Ocho a Turín, cosa que en ese tiempo se veía difícil, iríamos POR AMOR AL ARTE a seguir a nuestro equipo. Pero mira por dónde, al final la cosa ha acabado como el Chiki chiki, una broma que al final ha sido toda una realidad.
Sinceramente, no nos imaginábamos que en estos dos primeros días en Turín nos pasaran tantas cosas! Todo empezó en el Aeropuerto del Prat, donde una invasión alemana de barrigas cerveceras llenaban las terminales con camisetas del Shalke 04 con mantas para poder dormir.
En el avión nos dieron de todo: periódicos, gominolas y hasta la luz de los asientos iluminaba equivocadamente a una especie de Hiro Nakamura mientras roncaba. Suerte del Cinemanía y “santa” Scarlett Johanson , que yo me llevé de recuerdo.
A las ocho de la mañana ya estábamos en Italia, el aeropuerto de Milan-Malpensa nos recibe con niebla y un frío de narices. Después de equivocarnos de autobús, previa bronca del conductor, llegamos al bus correcto. La compañía nos aseguraba que en 40 minutos llegaríamos a la estación de “Milano Centrale”, pero mira la casualidad que una hora y media después llegamos a la estación llegamos a Milán. ¡Eso es puntualidad y lo demás son tonterías!
En Milano Centrale, con toda nuestra buena fe preguntamos al revisor en inglés cual tren iba a Turín. Nuestra sorpresa fue cuando el “siniore” nos respondía que no “falare inglés” y que teníamos que “preguntari a la donna de la informatione” señalando el infinito y más allá del andén 27.
En ese lugar había de todo. Sin ir mas lejos habia una mujer, que entre gritos y aspavientos anunciaba el fin del mundo. Al volver a verla fumaba un cigarrillo y tenía la sutileza de pedirnos limosna.
Después de esta incidencia ya estábamos subidos en el tren de la ciudad de los hermanos Moggi (FIAT). Por desgracia en este país transalpino esto de la puntualidad no se les da muy bien y el tren llega a la estación con 45 minutos de retraso.
Al llegar a Turin, estábamos más perdidos que “un ravioli in una paella”, pero por suerte un obrero que trabajaba en las obras de rehabilitación de la estación de Porto Nuova nos explicó con un “cleenex” la mejor manera de llegar al hotel (lo que son las cosas).
Fuimos primos de al gastarnos 3 de billetes de transporte, porque tanto el tranvía eléctrico y el bus “narajito” eran gratis. Y os preguntareis : por qué? Pues porque la gente entra y sale cuando le da la gana sin pagar un duro, ficticio pero real.
Finalmente después de recorrenos toda la ciudad con maletas, mochilas y un teórico bolso de Tous en mi hombro llegamos exhaustos al Hotel Campidoglio donde nos atienden amablemente y nos regalan una de las tres suites del hotel, sí sí lo que oís, habitación con tele, baño, nevera, teléfono, secador y cama matrimonial. Lástima de la conexión Wifi, segundo hándicap de Italia.
Después de probar el portátil empieza lo bueno: llegamos a Palavela y empezamos a currar a destajo entrando en la sala de catering por la patilla y catando un agua con gas que en verdad pensábamos que era mineral.
Hemos conocido a mucha gente: ex trabajadores de encancha, americanos, periodistas profesionales, promotores de raperos que en verdad son grandes periodistas, entre muchos más.
En el primer partido habían más de 4000 personas eso parecía un chiste de Lepe: va un español, un turco, un ruso y un polaco (qué gracia). Veinte personas, sí como leeis, animaban más que todo el pabellón lleno.
En el segundo partido, la cosa se animó más y hasta quise hacer mis “pinitos” como reportero salchichero con un móvil como improvisada grabadora. Por suerte, a la una de la madrugada llegamos a la habitación y como teníamos tantas cosas por hacer decidimos que mañana sería un día mejor.
Día 2, son las nueve la mañana y Chikilicuatre nos despierta con su estribillo en forma de politono. Hacemos nuestras labores como buenos “encancheros” durante toda la mañana, pero a la hora de colgarlo al WIFI, por no decirle otra cosa más grotesca, no quiso funcionar. Al ver que “usted no tiene conexión a Internet” pensamos que era una buena idea ir al supermercado a comprar y nos volvimos a sentir como un “ravioli in un arrozale di coloranti amarelle. Al ver que en la “sinistra” no había un supermercado y en la “destra” aún menos. Una salvadora en forma de mujer nos salvó guiándonos hasta el lugar , cosa de la que aún yo y mi estómago seguimos agradecidos.
Son las cuatro de la tarde y ya es hora de volver al pabellón, pero el amable y engominado secretario del Hotel Majestic no quiso poner de su parte y nos enviaba a fuera a que esperáramos una hora más el autocar que EN TEORIA nos tenia que llevar al pabellón. Me parece que aún sigue esperando a que vayamos y le avisemos de que nos vamos en autocar.
En el autobús 34, hemos conocido a un policía armado hasta las orejas, que en verdad era revisor del tranvía, a pesar de eso la gente entraba sin inmutarse y disfrutaban de la “barra libre”.
Ya en Palavela eran las 6 y el WIFI se convirtió de golpe en GUAYWIFI porque finalmente pudimos colgar toda la faena del día anterior.
Destacar también la afición del Dinamo de Moscú parecen 10000 llenando con banderas el pabellón, pero si cuentas a los esquins radicales, un infiltrado en el parquet y los moperos del pabellón, ya sólo quedan diez. Ellos ven el partido de su equipo y se marchan con un “aquí os quedáis”.
La verdad que el partido de Akasvayu ha sido muy interesante, hemos visto la transformación de Marc Gasol en super sayano del espacio, pero sin llegar a tener el pelo rubio.
Y hasta aquí nuestras peripecias por Turín de estos dos primeros días, Il diario de la Mamma seguirá informando a tutti il mondo,
Continuará…
Leave a Reply